Me tropecé. Con un día nublado que no tiene la culpa. Con miradas desconocidas que pueden ver dentro de mí, escudriñar mis miserias, reírse de ellas.
Y te necesito, soledad. Ahogarme en tus abrazos, respirar de tu silencio, que me tortures con un beso de infinita frialdad.
Átame a la cama, y cuéntame historias hasta que me doblegue el sueño. Acaríciame mientras duermo y píntame un arco iris de colores por si me despierto a media noche, buscándote en el techo.










