DESPEDIDA


Salió del coche pegando un portazo. Nada comparado al estruendo que minutos antes habían formado los pedazos de su corazón roto. Él agarró su brazo con la fuerza de quien se aferra a una vieja tabla de madera cuando el naufragio está a la vuelta de la esquina. 

Y corrió. Corrió calle abajo. Corrió arropada por un manto de desorientación y miedo sin dosificar. Corrió con los pies acariciando cada centímetro de crudo suelo. Corrió con zancadas de desesperación desmedida. Con un saco de lágrimas amargas en su espalda.

Desapareció en una oscuridad tan abrumadora que no supo reunir las fuerzas para encontrar el camino de vuelta.

PENSIÓN DEL OLVIDO


Las doce de la noche. Cuelgo mi corazón en el perchero, escupo mis vergüenzas en un lavabo cómplice y salgo sin llaves. No sé si volveré.

Hoy no voy a combatir con la miseria sentimental que me aguarda tras la puerta cada noche. No quiero desvelarme de madrugada con otra paliza de tu indiferencia. Puñetazos de muñeca de porcelana, se ahogan en aire, terminan por naufragar en océanos de rabia.

Me aferro al volante hasta hacerme daño, y recorro kilómetros de asfalto y cristales rotos. Pedazos de tardes de conversaciones vacías y miradas a los ojos, que más que encontrarse, se arañan.

El olor a gasolina entra por la ventana y una fría caricia de éxtasis hace que mi piel se estremezca como si el filo metálico de tu aguijón, estuviera repartiendo sus últimos resquicios de veneno, gota a gota, por mi espalda.

Evito la tentación de mirar atrás, me consuela imaginarte buscando rastros de  olor en cada cuello de mis camisas. Mendigando comprensión a una almohada que tantas noches hizo las veces de confidente. Revolviendo entre los libros para leer alguna página de mi infinita paciencia.

Me satisface rebasar esa delgada línea que separa los sentimientos que sangran a borbotones de los corazones de latidos extirpados. 

Esta madrugada reservo cama en la pensión del olvido.

Y LLORA....


Y llora como la rosa a la que violentamente, le fueron arrancadas las vestimentas. Desnuda en el ocaso se atavía con tímidos rayos de anochecer que forcejean por aderezarla.

Pétalo a pétalo, reparte su esencia serena por caminos de tierra mojada y la inunda con olores que embelesan con punzadas de extrema tristeza.

Se mece entre sus lágrimas con el anhelo de no tardar más de dos madrugadas en quedarse dormida.

INVENTARIO DE LO PROHIBIDO


Inventario de lo prohibido:

Prohibido observarte y no sucumbir al oleaje de tu mirada.

Prohibido sentirte lejos cuando me tropiezo a cada paso que doy con tu cercanía.

Prohibido permanecer callada si las palabras luchan por romper a puñetazos el silencio, llamar a tu puerta y dormir enredadas en tu pelo.

Prohibido no echarte de menos, cuando te alejas de mi cuerpo, dejándome huérfana de sientimientos.

Prohibido no ver tu reflejo en los espejos y contarle confidencias en secreto.

Prohibido no vestirme con la piel que cuidadosamente tejieron tus caricias.

Prohibido naufragar en océanos de indecisión y no aferrarme a la tabla de tu sabiduría.

Prohibido dejar la puerta abierta a las dudas que merodean solitarias por las calles de las frías noches de Febrero.

Prohibido esconderme cuando me buscas y no buscarte cuando te quiera encontrar.

Prohibido besarte y no pensar que sólo existimos tú, yo y ese beso

Prohibido no amarte.

FAVOLE


Silueta escurridiza que se me resbala por los recovecos de la mirada.
Su mirada felina, capaz de vestir de verano los segundos que se clavan como puñaladas de hielo en una despedida. 

Se entierran una tras otra las horas cuando yace en mi cama. Acaricio sin pedir permiso sus rizos esquivos y caprichosos. Se deslizan por la almohada perfilando senderos desbordados de curiosidad y fascinación infinitas.

Sus labios, la caja llena de cartas de amor olvidadas, canciones de Febrero, despedidas amargas y abrazos vacíos que tanto espacio ocuparon.

Me ahogo en la saliva que a cuentagotas va dejándose la vida en tu cuello. Entro a tus pulmones con cada exhalación, te respiro, distraigo los últimos minutos de noche que mueren asfixiados por besos furtivos de éxtasis y luna llena.

Me pierdo en el camino que sigilosamente recorren tus gestos y en el primer callejón me cruzo con tus yemas, calientes como las últimas brasas de una hoguera, que se apresuran a adivinarme en cada caricia. 

Me colma de necesidad. Me mutila su ausencia.



Lo que más me gusta de tu cuerpo es el sexo
Lo que más me gusta de tu sexo es la boca
Lo que más me gusta de tu boca es la lengua
Lo que más me gusta de tu lengua, es la palabra

 (Julio Cortázar)

¿DÓNDE ESTÁS?


¿Dónde estás? Me paso los ocasos buceando en océanos de silencio y siempre salgo desalentada a la superficie porque de ti, allí no hay nada.

Zigzagueo por los tejados, pisando tejas sin equilibrio. Camino prudente, como un gato sigiloso que huye de su fechoría. 

Ya es de noche, mi momento preferido para buscarte; Acaricio con mi curiosidad los rostros de cada alma solitaria que me cruzo por la acera. Ojos vacíos, corazones ebrios de melancolía, pasos mecánicos que siempre conducen al mismo callejón sin salida. Manos siempre abiertas, esperando aferrarse al cuello de algún alma gemela.

Amparo en cada trago a las lágrimas de vino que no saben contenerse y resbalan cabizbajas por una cornisa acristalada.

Te pongo voz en ráfagas de viento que dejan su ira amontonada en copas de árboles desnudos y azoteas abandonadas.

Amanece y muero con mi búsqueda. Otro día más desayuno sin ti.
¿Dónde estás?