LUST


Esquiva como los rayos de sol en un día de atormentada lluvia. 

Efímera como el beso que nació en un bar de carretera y no llegó más allá de un callejón sin salida.

Fugaz como los ojos azules que se dejaron la piel forcejeando con desconocidos, entre cientos de miradas.

Carnal como la lengua que reparte puñaladas de saliva en un cuerpo entregado al desamparo.

Soez y descarada como el insulto que de un portazo sale de una boca ahogada en rabia.

Misteriosa como unos ojos que insinúan, como el olor de un amante a media noche.

LE ROBÉ A ENERO EL DÍA UNO

Le robé a Enero el día uno para compartir café en esta soleada tarde. Con miedo a quemarme, sorbo cada trago con infinita paciencia. Entre mis manos, yace una taza de porcelana. Juego a seguir el escurridizo trazo de una cenefa azul turquesa que parece haberse escapado de un pedazo de cielo.

Y me pregunto en qué pensar, cómo si eso fuera posible….De entre todas las rendijas de luz que se cuelan tras la puerta, una me deslumbra sobremanera. Aunque apenas puedo abrir los ojos, me seduce la idea de ver cuánto ocurre allí. 

Una puerta de madera chirría como el grito de una noche asesinada en el ocaso por feroces rayos de sol. Detrás de ella, un espejo. La curiosidad me echa la soga al cuello y me postra ante su reflejo.

Soy yo. Me miras y te miro. Veo una niña de sonrisa confiada y franca  con un vestido blanco cosido con centímetros de ilusión y una margarita con pétalos que se deslizan sin prisa por las cornisas de sus dedos, con la tranquilidad que da saber que hoy es su 1 de Enero….

DESPEDIDA


Salió del coche pegando un portazo. Nada comparado al estruendo que minutos antes habían formado los pedazos de su corazón roto. Él agarró su brazo con la fuerza de quien se aferra a una vieja tabla de madera cuando el naufragio está a la vuelta de la esquina. 

Y corrió. Corrió calle abajo. Corrió arropada por un manto de desorientación y miedo sin dosificar. Corrió con los pies acariciando cada centímetro de crudo suelo. Corrió con zancadas de desesperación desmedida. Con un saco de lágrimas amargas en su espalda.

Desapareció en una oscuridad tan abrumadora que no supo reunir las fuerzas para encontrar el camino de vuelta.

PENSIÓN DEL OLVIDO


Las doce de la noche. Cuelgo mi corazón en el perchero, escupo mis vergüenzas en un lavabo cómplice y salgo sin llaves. No sé si volveré.

Hoy no voy a combatir con la miseria sentimental que me aguarda tras la puerta cada noche. No quiero desvelarme de madrugada con otra paliza de tu indiferencia. Puñetazos de muñeca de porcelana, se ahogan en aire, terminan por naufragar en océanos de rabia.

Me aferro al volante hasta hacerme daño, y recorro kilómetros de asfalto y cristales rotos. Pedazos de tardes de conversaciones vacías y miradas a los ojos, que más que encontrarse, se arañan.

El olor a gasolina entra por la ventana y una fría caricia de éxtasis hace que mi piel se estremezca como si el filo metálico de tu aguijón, estuviera repartiendo sus últimos resquicios de veneno, gota a gota, por mi espalda.

Evito la tentación de mirar atrás, me consuela imaginarte buscando rastros de  olor en cada cuello de mis camisas. Mendigando comprensión a una almohada que tantas noches hizo las veces de confidente. Revolviendo entre los libros para leer alguna página de mi infinita paciencia.

Me satisface rebasar esa delgada línea que separa los sentimientos que sangran a borbotones de los corazones de latidos extirpados. 

Esta madrugada reservo cama en la pensión del olvido.

Y LLORA....


Y llora como la rosa a la que violentamente, le fueron arrancadas las vestimentas. Desnuda en el ocaso se atavía con tímidos rayos de anochecer que forcejean por aderezarla.

Pétalo a pétalo, reparte su esencia serena por caminos de tierra mojada y la inunda con olores que embelesan con punzadas de extrema tristeza.

Se mece entre sus lágrimas con el anhelo de no tardar más de dos madrugadas en quedarse dormida.

INVENTARIO DE LO PROHIBIDO


Inventario de lo prohibido:

Prohibido observarte y no sucumbir al oleaje de tu mirada.

Prohibido sentirte lejos cuando me tropiezo a cada paso que doy con tu cercanía.

Prohibido permanecer callada si las palabras luchan por romper a puñetazos el silencio, llamar a tu puerta y dormir enredadas en tu pelo.

Prohibido no echarte de menos, cuando te alejas de mi cuerpo, dejándome huérfana de sientimientos.

Prohibido no ver tu reflejo en los espejos y contarle confidencias en secreto.

Prohibido no vestirme con la piel que cuidadosamente tejieron tus caricias.

Prohibido naufragar en océanos de indecisión y no aferrarme a la tabla de tu sabiduría.

Prohibido dejar la puerta abierta a las dudas que merodean solitarias por las calles de las frías noches de Febrero.

Prohibido esconderme cuando me buscas y no buscarte cuando te quiera encontrar.

Prohibido besarte y no pensar que sólo existimos tú, yo y ese beso

Prohibido no amarte.

FAVOLE


Silueta escurridiza que se me resbala por los recovecos de la mirada.
Su mirada felina, capaz de vestir de verano los segundos que se clavan como puñaladas de hielo en una despedida. 

Se entierran una tras otra las horas cuando yace en mi cama. Acaricio sin pedir permiso sus rizos esquivos y caprichosos. Se deslizan por la almohada perfilando senderos desbordados de curiosidad y fascinación infinitas.

Sus labios, la caja llena de cartas de amor olvidadas, canciones de Febrero, despedidas amargas y abrazos vacíos que tanto espacio ocuparon.

Me ahogo en la saliva que a cuentagotas va dejándose la vida en tu cuello. Entro a tus pulmones con cada exhalación, te respiro, distraigo los últimos minutos de noche que mueren asfixiados por besos furtivos de éxtasis y luna llena.

Me pierdo en el camino que sigilosamente recorren tus gestos y en el primer callejón me cruzo con tus yemas, calientes como las últimas brasas de una hoguera, que se apresuran a adivinarme en cada caricia. 

Me colma de necesidad. Me mutila su ausencia.



Lo que más me gusta de tu cuerpo es el sexo
Lo que más me gusta de tu sexo es la boca
Lo que más me gusta de tu boca es la lengua
Lo que más me gusta de tu lengua, es la palabra

 (Julio Cortázar)